Y al final resulta que Franco había muerto


Pues sí, amigos, después de todo el revuelo que formó el juez más conocido de este país, resulta que al final, de juicio a los crímenes del Franquismo, nada de nada.

El afán de protagonismo de esta persona (y su desbordante soberbia) le llevaron a embarcarse en su enésima cruzada personal contra el Mal (sí, con mayúscula) para volver a estar en el candelero. Su dedo acusador se ha ido dirigiendo a personalidades de todo el globo, como Pinochet, Kissinger o hasta Berlusconi, incluso de nuestro país, como Jesús Gil. Parece ser que, como ya llevábamos demasiado tiempo sin tener noticias suyas, ya había llegado la hora de que la gente volviera a hablar de él. Y vaya si lo consiguió.

Remover el tema de nuestra última Guerra Civil y la posterior represión de los golpistas siempre ha resultado muy delicado en este país, aún con todas las décadas transcurridas: los afanes de "tapar" los crímenes de unos, y la búsqueda de la "revancha" a cualquier precio de los otros hacen del tema un asunto espinoso.

Y el caso es que su causa contra el Franquismo tenía una parte muy positiva, como lo puede ser la apertura de las fosas comunes para poder enterrar dignamente a las personas allí sepultadas tras ser ejecutadas.

Pero cuando la pretensión de fondo es buscar responsabilidades en torno a los asesinatos políticos desarrollados durante y tras la guerra únicamente en uno de los dos bandos contendientes, la parcialidad de la causa es palpable. Y la posible indignación de los represaliados por la República, también.

No basta con decir que ya quedaron suficientemente reconocidas durante el Franquismo, ya que si asumimos que aquello estuvo mal, por el simple "efecto péndulo" no podemos hacer lo mismo. Sería inmoral.

Por otra parte, la causa es ilegal. Según la Ley de Amnistía de 1977, aprobada por más del 90% del Parlamento español, incluído el Partido Comunista (¿tenía Carrillo también algo que "tapar"?) los crímenes relacionados con la Guerra y la represión de la posguerra quedaban automáticamente prescritos. Y nos guste o no, es lo que decidió la soberanía popular.

Finalmente, esta mañana el tema de conversación de todas las tertulias y portadas de periódicos es que Garzón desiste. El "Juez Estrella" decide inhibirse en previsión de que la Audiencia Nacional lo considerase incompetente para el caso; simplemente le pasa la pelota a los juzgados provinciales. Como si no hubiera criminales a los que enjaular en la actualidad (¿no se acuerdan ya de la saturación de los juzgados por la que se hizo huelga hace unos meses?) como para ponerse a buscar a unos criminales que llevan décadas muertos.

¿Para qué ha servido todo este paripé, que es lo que es, que ya se sabía que no iba a desembocar en ninguna parte? Pues ha servido para enseñarnos que la izquierda de este país, por muy conciliadora que pretenda presentarse en este asunto, siempre está dispuesta a sacar el cuchillo. También ha servido para que Garzón se luzca nuevamente y su ego se alimente al calor de todo lo que se habla (y se hablará) de él. El precio no es despreciable: se le han "escapado" varios narcotraficantes (ya se sabe, quien mucho abarca...) y el dinero que ya se haya gastado, que no habrá sido poco.

Dicen con sorna en los periódicos que, como Garzón finalmente ha descubierto que Franco ha muerto, no lo puede encausar por los crímenes que cometió, con lo cual, ha dado marcha atrás. ¿Y para eso tanto?

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