La nueva religión civil

Hace unos días, el banquista Luigi solicitó mi opinión sobre todo este asunto del bautizo civil que fue noticia en todos los medios.

Decidí dejar un tiempo razonable de margen para poder reflexionar y conversar sobre el tema con otras personas (que clarifica la mente y te permite poner a prueba tus argumentos). Lógicamente, mi posición personal está en contra de todas estas estúpidas zarandajas que tienen mucho de escaparate y poco de "sustancia" en la que los menores son convidados de piedra.

En mi opinión, la causa de todo esto es que, como las ceremonias religiosas no nos las tomamos con la seriedad merecida (al menos los que seamos creyentes), las BBCs (Bodas, Bautizos y Comuniones) se convierten en: vamos a un edificio muy bonito y antiguo (al que por cierto no vamos más de dos o tres veces al año), donde un hombre mayor nos suelta un rollo que ni entendemos ni compartimos, y luego al restaurante a recibir regalos y a juntarse con familiares y amigos. Como por desgracia no se sale de ahí, sólo era cuestión de tiempo saltarse el primer paso (claramente el más "pelmazo"), pero como a todos nos gusta que el niño se sienta protagonista por un día (aunque luego no se le haga ni puñetero caso, digamos que es una "compensación"), ni tampoco queremos que sea marginado con respecto a los otros, pues adelante.

Como veis, en el análisis me refiero al niño, ya que quiero hacer especial hincapié en los bautizos y comuniones. El asunto de las bodas por lo civil me parece completamente distinto (y necesario), ya que no viene a ser más que un contrato por el que dos personas declaran juntas a Hacienda y así lo hacen constar al Estado. Si luego quieres consagrar esa unión ante Dios, ya es otro tema.

Pero, ¿y los bautizos por lo civil? En su descargo dicen que es una ceremonia de bienvenida a la vida civil, en la que se leen sus derechos como niño. No han faltado voces, como en el diario Público, que lo contraponen a la religiosa. En el bautizo que yo recibí no se me leyeron, por lo que no los tuve. Supongo que pretenden, de una forma falaz y chabacana, hacer superior a una sobre otra. Y lo que no deja de ser el registro de tu nombre en la nómina de españoles se convierte en una fiesta. ¿"Presentación en sociedad"? El niño al que "bautizaron" tenía más de dos año, por lo que creo que ya era conocido por el círculo de progresía de sus padres. ¿Intento de decir "todavía existo y soy de los vuestros" de alguien cuya la carrera cinematográfica lleva años hundida?

Un amigo aún lo defendía porque podría tener cierto sentido el acto de bienvenida a la sociedad. Le concedí parte de razón, porque la llevaba. Y en otra cosa que estuvimos de acuerdo fue en el ridículo sinsentido de la "comunión civil". Valiente payasada por cinco minutos de gloria. ¿Lo celebraron en el juzgado? ¿Qué se celebraba? Pues nada, pero como la madre era progre (el padre no salió hablando en ningún momento) y su niño no podía quedar marginado, pues nada, traje de almirante y a gastarse un montón de dinero para juntarse todos a comer y a hacer regalos (¿necesitan al niño como excusa para hacerlo?).

Para finalizar me ha gustado mucho un artículo de José Francisco Serrano Oceja titulado Zerolo y la religión civil. Aquí lo transcribo ya que entiendo que puede ser una buena culminación de mis razonamientos; además, él lo dice mejor de lo que yo podría hacerlo.

Zerolo y la religión civil

Por José Francisco Serrano Oceja

El vate Zerolo cogió el hisopo, lo metió en el acetre e, inmediatamente, comenzó a asperjar a su congregación. "In nomine Zapatero, pater noster...". Con todo el respeto que se merecen los participantes, contrayentes, consagrantes, confesantes y convenientes, especialmente el pequeño elegido por los dioses del imperio Armani para inaugurar el libro de la apostasía ciudadana del bautismo laico, confieso públicamente que, pese a las risas y sonrisas sustitutivas de la gracia de Dios, efecto de los efluvios secularizadores, el laicismo trascendente y trascendido es aburrido, repetitivo y escasamente original.

Nada hay menos solemne y más artificial que una burda copia sacramental, como una copia de la partida de bautismo a lo civil, sin el padre y la madre, con el cónyuge uno y dos y tres y cuatro. Ya tenemos plantado el simulacro del sacramento del bautismo, la francachela pseudolitúrgica de los progresistas confesos, cuyo credo es el discurso de investidura del presidente del Gobierno o la última pirueta pública de la portavoz Pajín.

Ornamentos aparte, hay quien ha puesto los pies sobre el altar para pisar el mantel de las puntillas. Pero, ¿cómo vamos a tomarnos en serio el socialismo guay si no hacen más que dar que hablar con sus pantomimas públicas? Esas sí son públicas; la religión católica, a la vida privada, sin luz ni taquígrafos, pero sus fantasías litúrgicas para el escenario social. Vengan medios de comunicación, cámaras, periodistas y acción, que el nuevo proselitismo revestido de un punto de pensamiento snob va a recitar a Benedetti, que no es Benedicto. No hace falta que nos den más explicaciones, "ya sabes", dicen, "lo mal que lo pasaron sus progenitores, y los progenitores de los progenitores, con la Iglesia, con la obligación moral y con la rúbrica ceremonial". Atrás quedaron los años en los que el culto y la cultura eran la misma realidad. Ahora tenemos una nueva generación que ha desamortizado a la Iglesia el nombre y la rosa, el sacramento y su realidad, y los ha convertido en construcción simbólica de nueva ciudadanía. Ciudadano por cristiano, para que, al final, alguien se empeñe en la contradicción: o ciudadanos o cristianos.

Si algún pariente o amigo nos invitara a un sacramento laico, con perdón del pensamiento y del lenguaje, tómese antes una ración de paciencia y de sentido del humor. Humor se escribe con amor, dijo el poeta; aquel que confesaba que si no creemos en la religión verdadera, menos lo vamos a hacer en la inventada. La izquierda no ha perdido su punto de clericalismo, de amor-odio a los curas y a la Iglesia. No puede vivir sin ejercer el sacerdocio laico, otro matrimonio conceptual desviado, oxímoron donde los haya, que acapare el protagonismo social. Comenzaron con los funerales laicos, luego vinieron las primeras comuniones por lo civil y terminarán con el sacerdocio ciudadano, después de haber cursado los estudios de grado y postgrado en teología para la ciudadanía, es decir, en ideología convertida en corpus dogmático.

El hombre –y la mujer, para que no se enfaden los lingüísticamente correctos– es un animal simbólico; es un animal religioso, mal que pese a algunos que andan por ahí. Necesita de ritos de paso, de inicio y de término, no vaya a ser que la soledad de la ideología agudice el drama de la existencia. Los laicos de este país, como los de la Revolución francesa, nunca han tenido otra pretensión que la de sentarse en la catedral y entronizar a la diosa razón. Sustituir la verdadera religión por la religión de la humanidad, al estilo Augusto Comte. Ya lo dijo Diderot: "La posteridad es para el filósofo lo que el otro mundo para el hombre religioso" y por eso quieren asegurar la posteridad. A los sacerdotes, que están sufriendo en esta época una de las campañas denigratorias más intensas y extensas que se han visto en los últimos años, le ha salido la competencia de una nueva casta sacerdotal: la de los concejales laicos que hablan en nombre de la nueva humanidad, de la nueva religión de la humanidad. Ya lo apuntó en 1762 Rousseau cuando pedía "una profesión de fe puramente civil, sentimientos sociales sin los que un hombre no puede ser un buen ciudadano ni un súbdito fiel". La religión civil, según Robert Bellah, consiste en creencias, rituales, espacios sagrados y símbolos. Al sociólogo americano se le olvidó la clase sacerdotal de los Zerolos, un linaje destinado a la liberación de la religión y a la exaltación de la razón ciudadana, con hisopo incluido.

Comentarios

Luigi ha dicho que…
Totalmente de acuerdo. El humano por ser como humano necesita de la razón y de la fe a veces, porque trata de entenderlo todo, hasta lo intendible, y ahí muchas veces aparece el término fe.
El tema ya de que "usurpen" algunos sacramentos religiosos para unirse en comilona y borrachera es irrespetuoso ya no hacia la religión, sino hacia su propio vástago. Espero que este reino de falsedad se aclare y creen otras cosas propias del laicismo, que a mi entender es lo opuesto totalmente a lo religioso.
Y lo digo todo desde mi punto de vista que a día de hoy está dudando sobre esta dualidad religión-ateísmo.

Un abrazo y gracias por lo interesante y extenso del escrito
KAIMAN ha dicho que…
Muy buen articulo Marques. Estoy de acuerdo contigo.

Saludos.
El Marqués del Villar ha dicho que…
Si el problema es que debe haber laicismo, ya que las creencias son particulares y, aunque fueran muy mayoritarias, no podrían imponerse a nadie. Es ilícito.

El problema reside en que el laicismo se malentiende (de forma intencionada) y sirve para atacar a los creyentes católicos (al resto no ¿qué opinarán los musulmanes del aborto?). Por ello desde el Vaticano se sacó el término "Laicidad", para romper con la estúpida mentalidad progre. Hum, ahora que lo pienso ¿y si lo hubieran llamado "Laicismo religioso"?