Sociedad enferma

Al final la habían asesinado. Ya recogimos aquí el caso de Marta del Castillo con cierto escepticismo por mi parte, sea dicho, y todo se ha resuelto de la peor manera posible. No voy a pasar a describir los hechos, que se repetirán hasta la saciedad en los medios, ni siquiera voy a tratar que ya haya salido la novia actual del asesino en la televisión buscando su minuto de gloria. Voy a ir al fondo del problema.

¿Qué sociedad estamos contruyendo si un joven de veinte años asesina a otra de diecisiete porque no quiere salir con ella? ¿qué sociedad estamos "levantando" si otros dos jóvenes colaboran con un asesinato (uno arrojando el cuerpo, otro encubriendo)? Una sociedad enferma, una sociedad muy enferma.

Estamos forjando unas generaciones con muy baja tolerancia al fracaso. Inmediatamente los niños se vuelven objeto de traumas irremediables ante cualquier adversidad y los padres pasan a sobreprotegerlos para que sean "felices". Si el profesor le suspende, no nos planteamos que el joven no haya estudiado o que sea un ceporro, sino que es otra adversidad que puede traumar al "niño", así que a por el profesor.

Luego el "feliz" joven se encuentra con situaciones adversas que, o bien escapan del control de sus padres, o están fuera de su radio de acción. Buscar un empleo, para un chaval de dieciséis sin estudios es frustrante: o "demasiado" trabajo, o se cobra poco. Mamá no está aquí para ayudarte, y estás tan desamparado en la vida por su culpa, porque no te ha permitido desarrollar mecanismos para superar las malas rachas de la vida.

Luego llegamos a lo que tenemos aquí. Una chica no quiere salir con un chico, ¿qué hace éste? ¿acaso buscar a otra? No, se frustra el pobrecito, y como siempre ha tenido todo lo que ha querido, en este caso no va a aser menos. Se le antoja Marta, y por eso tiene que ser de él. Primero con violencia verbal, acosándola a través del tuenti y demás para que acuda a la trampa. Y una vez en la trampa, como presumiblemente vuelve a rechazarlo, la mata.

Si no es para mí, que no sea para nadie. Machismo rancio que parece de hace doscientos años, la "pertenecia" del ser supuestamente amado. La igualdad no se consigue ni diciendo en los hueros mítines "ciudadanos y ciudadanas", ni con un ministerio que ocupa su tiempo y nuestros recursos en legislar a favor del aborto ("miembros y miembras"), ni con la asignatura de la discordia, Intoxicación para la Ciudadanía.

Y no digamos de los amigos, que en colaboran activamente con un asesinato. Podrían haberle explicado que si se entregaba, la pena sería menor. Tal vez ni siquiera supiesen eso, así de ignorantes se crían ahora, o tal vez su malicia alcanza tales cotas que acalla su conciencia.

Si para alguien nacido en el año 88, en un país plenamente democrático (como en el caso del asesino), hay espacio para conductas y pensamientos de este tipo, es que estamos creando una generación realmente enferma. Este es el gran problema de este país: jóvenes que no conocen el valor del esfuerzo y del respeto, que piensan que la vida es tan fácil como en la televisión (ni se estudia ni se trabaja, pero se maneja pasta a aburrir, si folla mucho y se va a la última moda), donde los héroes son los deportistas, gente sin preparación alguna que ingresa millones por hacer lo mismo que un payaso o un tigre del circo, entretener a la gente, donde la personas venden su dignidad por mucho dinero en la telebasura. Mientras continuemos con esta escala de valores, los problemas no sólo van a seguir ahí, sino que van a ir creciendo.

A modo de final, señalar que el asesino de Marta mantenía una relación con una chica de catorce años (y supuestamente embarazada) viviendo en casa de los padres de ella. Ésta es la realidad de España, la Generación Polígono.

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