CCM


Aunque parezca que voy a hablar del turbio chanchullo que van a hacer con la caja de nuestra querida taifa, de lo que realmente os voy a hablar es de la Ceremonia de la Ceniza Mágica, o CCM.


Hace casi una semana que comenzó la Cuaresma, tiempo de preparación para la Resurrección del Señor, (¿lo sabrán los frikis de la Semana Santa), con una ceremonia que, por su simbolismo, es una de las más relevantes del Año Litúrgico: el Miércoles de Ceniza.

En este día se recibe la ceniza como señal que nos conciencia de nuestra propia mortalidad, de la humildad con la que hemos de acercarnos a Dios y del ánimo de conversión que tenemos que tener tan presente en los cuarenta días previos al Domingo de Ramos.

Pero para otros no es más que la CCM, la Ceremonia de la Ceniza Mágica. Por mucho que se empeñen en demostrar lo contrario, somos de cultura eminentemente cristiana y, por lo tanto, conservamos muchas de sus costumbres, aunque realmente no se transija con el verdadero trasfondo que las origina (Semana Santa, Navidad, etc.). De este modo, el Miércoles de Ceniza se convierte en uno de los escasos días, aparte de en las celebraciones BBC (Bodas, Bautizos y Comuniones), en los que se va a la Iglesia.

Si hemos perdido la creencia en Dios, el tema de la conversion y la humildad quedan vacíos para muchos, pero se sigue acudiendo a que el sacerdote (al que, por supuesto, no hay que dejar de criticar antes, durante y después de la ceremonia, porque son lo peor del universo) deposite un pellizco de ceniza sobre nuestras cabezas. Perdido su significación original, ¿qué persigue la gente? ¿ensuciarse el pelo? La única solución que se me ocurre es que buscan buena suerte para el año en curso. Pues eso, CCM.

Ahora os voy a contar lo que sucede todos los años en la parroquia a la que acudo (por no desplazarme a la propia, que es la de nuestro pueblo, Villar de Domingo García), Santa Ana, en Cuenca. Conforme va avanzando la misa, varios niños van entrando a la Iglesia, miran durante unos segundos hacia el altar, y vuelven a salir corriendo. Y así varias veces. Finalmente, si al entrar ven que se está repartiendo la ceniza, vuelven a salir fuera por enésima vez para, a continuación, entrar a la iglesia de manos de sus padres (que no hay que ser Sherlock Holmes para deducir que son los que los mandan). Directamente se ponen en la "cola", reciben la Ceniza Mágica de la Buena Suerte y se marchan por donde han venido y con la misma celeridad.

¿Qué están haciendo con ello los padres? Crear hijos hipócritas, es decir, a su imagen y semejanza. Luego los jóvenes no tienen valores, educación, civismo y blablabla. Si tienen esos ejemplos de vaciedad en su casa, ¿realmente creen que alguno se va a tragar lo de "Intoxicación para la Ciudadanía"?

Y ojo, que no estoy atacando a los que libremente viven su vida de forma separada de la religión. Es su eleción y como tal la respeto, por supuesto. Lo que ataco es a la hipocresía de los que celebran BBCs, procesiones, CCMs y demás zarandajas vaciándoles de su verdadero sentido. Repiten ceremoniales de forma hueca como si fueran máquinas y sin comprender su significado.

Luego, los hijos educados en ello van perdiendo las "tradiciones" y sus mayores se echan las manos a la cabeza. Las cosas se hacen por algo, no por que sea "la tradición" o porque se lleve haciendo "toda la vida", todo acto del hombre debe tener una razón de ser y, para el caso que nos ocupa, también debe ser profunda.

Porque (preparad el mármol) "las cosas que se hacen por hacerse, al final se dejan de hacer".

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