
Hay
muchas formas distintas de contar una misma historia. Pongamos como
ejemplo el Asedio a Numancia, uno de los episodios más conocidos de
nuestra historia. Se puede contar con detalle, con pasión, en vídeo e incluso en comic. Pero mi forma preferida y con la que yo me quedo es la historia contada con humor, con mucho humor, como hace Forges en su colección titulada “Historia de Aquí”.
A mediados del siglo II a.C., una ciudad celtíbera que llevaba años mostrándose inexpugnable, llamada Numancia, se convirtió en refugio de Vaceos, Lusitanos y de todo aquel que huía del yugo de Roma y que quería seguir ofreciendo resistencia.

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Roma
observa como Numancia se convierte en un nido de fugitivos romanos y
decide arrasar la ciudad. Para ello, en el año 153a.C., envía al cónsul Fulvio Nobilior a sitiarla, fracasando estrepitosamente.

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En el 132a.C. Claudio Marcelo, sucesor de Nobilior, firma un tratado con los encerrados que dura nueve años.

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En el 143a.C. se rompe el tratado y Roma envía Cecilio Metelo que sitia la ciudad durante un año. En una “salida” de los sitiados capturan al cónsul con su estado mayor.

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Su sucesor, Pompeyo Aulo,
se ve obligado a firmar un nuevo acuerdo para liberar a los rehenes
pero el Senado de Roma se mosquea en cantidad, se niega a admitir lo
pactado y envía a Marco Pompilio que, en un alarde de imaginación, vuelve a asediar la ciudad. De nuevo, 8.000 romanos vuelven a casa de permiso.

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Roma no sabe que hacer y envía a otro cónsul que con sólo pronunciar su nombre impone respeto, Hostilio Mancino, quien se planta frente a la ciudad con 20.000 hombres.

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Los íberos salen de la ciudad y según cuenta Tito Livio: “…
Mancino huye con sus soldados abandonando su campamento fortificado.
Los íberos le siguen, le alcanzan, le asedian y desmoralizan la tropa”.

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Durante
los años que siguen continúa el desfile de cónsules ante los muros de
Numancia y todos con parecidos resultados. Los numantinos hostigan a los
romanos y los persiguen haciéndoles huir hasta las inmediaciones de
Córdoba.

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La moral de las legiones romanas estaba por los suelos y una falsa
alarma o un simple rumor de que los asediados estaban fuera del recinto
les “… hacía temblar y perdían toda su marcialidad”.

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De este modo, el campamento romano se convirtió en una gran feria con
más de 2.000 “cortesanas” y todo tipo de comerciantes, charlatanes y
baratijas que mermaban el ardor de las tropas.

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Roma no aguanta más y decide tomarse el asunto íbero muy en serio.

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El Senado, de forma excepcional, re-elige como cónsul a Publio Cornelio Escipion Emiliano quien reúne a lo más granado de los generales romanos. Cayo Mario, Cayo Graco, Cayo Memmo y , con su ejército de elefantes, Yogurta el Africano.

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Escipion,
con un periodo de dura instrucción, vuelve a poner en forma a sus
legionarios y en menos de dos meses rodea Numancia con una muralla de
tres metros de altura y torres con catapultas cada 50 metros.

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La
cosa se ponea fea para los sitiados. El cerco es feroz y tan sólo en
una ocasión consiguen burlarlo y avituallarse ligeramente.

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Escipión se entera del paseíto y decide dar un escarmiento. A cuatrocientos jóvenes de Lutia, lugar que ayudó a los sitiados, se les corta las manos.

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Tras 8 meses de asedio los íberos se han comido hasta los zapatos y
enfermos, hambrientos y demacrados se reúnen en la plaza para votar
sobre su destino. Entregarse o morir.

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Los
suicidas ganan. Los cabeza de familia matan a su familiares y luego se
acuchillan entre sí… Los cinco últimos numantinos se arrojan al Duero
desde las murallas. Roma, después de más de 20 años de asedios, ha
ganado.
Por Iñaki, en Historias con Historia.Era yo un adolescente imberbe y con la cera llena de granos cuando, fascículo a fascículo, completé la colección de “Historia de Aquí” de Forges. Desde entonces, he de confesarlo, la abuela numantina de la sartén se convirtió en una de mis heroínas favoritas.La colección Historia de Aquí es de los pocos libros que me acompañan desde mi mocedad (tiene hasta manchas de mis meriendas), que han aguantado todas mis mudanzas y que , de vez en cuando aún hoy, me gusta echarle un vistazo porque todavía me arranca alguna sonrisa e incluso alguna carcajada.Por eso, quiero que esta entrada sea un pequeño agradecimiento y humilde homenaje a estos libros y a su autor, Forges, ya que gracias a él descubrí lo apasionante, entretenida y (sobre todo) muy divertida que puede ser la historia.Gracias.
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