Me han propuesto altos cargos en el gobierno y me pidieron que abandonara mi batalla, pero yo siempre lo he rechazado, incluso a riesgo de mi propia vida. Mi respuesta era siempre la misma: «No, yo quiero servir a Jesús como un hombre común». Esta devoción me hace feliz. No quiero popularidad, no quiero posiciones de poder. Sólo quiero un lugar a los pies de Jesús, yo quiero que mi vida, mi carácter, mis acciones hablen por mí y digan que estoy siguiendo a Jesucristo. Este deseo es tan fuerte en mí que me consideraría privilegiado si –en este esfuerzo mío y en esta batalla por ayudar a los necesitados, a los pobres, a los cristianos perseguidos de Pakistán- Jesús quisiese aceptar el sacrificio de mi vida. Quiero vivir para Cristo y quiero morir por él. No tengo ningún miedo en este país. Muchas veces los extremistas han buscado matarme y encarcelarme, me han amenazado, perseguido y han aterrorizado a mi familia. Los extremistas, hace unos años, incluso han pedid...