Ir al contenido principal

¿Sirven para algo los minutos de silencio?


Muchas veces hemos acudido a alguna de estas concentraciones pacíficas. Las razones son varias: atentados de ETA, contra el hambre, contra la violencia doméstica, etc.

Normalmente nos enteramos la misma mañana en la que se celebra, y el primer pensamiento que te viene a la mente es: "entre que subo, bajo y el minuto me escaqueo del trabajo un buen rato". Y así bajamos a la entrada de la facultad, oficina biblioteca o puesto de trabajo con los compañeros contándonos las últimas anécdotas del mismo modo que cuando acudimos al almuerzo.

A continuación nos ponemos todos con cara seria delante de la puerta con el resto de trabajadores (con suerte, hasta nos fotografiarán con rostro preocupado y apareceremos en algún diario), pero en el fonfo no creyéndonos nada: ni verdaderamente nos comprometemos con la causa a defender ni creemos que sirva para nada.

Pero entonces se obra el milagro. En ese minuto comenzamos a reflexionar sobre nosotros y sobre el mundo, nos acabamos escuchando a nosotros mismos, una voz incómoda a la que no estamos acostumbrados, tan rodeados de ruidos como vivimos.

Y así nos damos cuenta: el minuto de silencio no sirve ni para acallar las bombas (es más, suelen provocar la de los asesinos etarras y la de los que los secundan) ni para evitar que una maldita sabandija pegue a su mujer, marido, hijo o padre. Su verdadero valor estriba en que nos pone en contacto con nuestra parte buena (la Conciencia, que decimos algunos) y nos empuja a ser mejores personas, a luchar por un mundo más justo.

A lo mejor todos necesitamos un minuto de silencio cada día...

Comentarios

Entradas populares de este blog

NXT: The Great American Bash 2020

Una chica "frúgil" en el confesionario

Una Señorita va a la iglesia a confesarse: -”Perdóneme padre porque he pecado”, dice la señorita. -”Bueno hija, cuéntame tus pecados”, le responde el cura. -”El otro día estaba caminando por la calle cuando me encontré con un viejo amigo. Fuimos a tomar un café, empezamos a charlar, fuimos a su apartamento e hicimos el amor. Y como yo soy tan FRÚGIL…” -”Frágil, hija, se dice frágil”, interpone el padre. -”Bueno, al día siguiente estaba sentada en la plaza cuando de repente se aparece otro amigo. Empezamos a charlar y después terminamos en mi apartamento. Y como yo soy tan FRÚGIL…” -”Frágil, hija, se dice frágil”, dice otra vez el cura. -”Y ayer estaba con mis amigas cuando se apareció mi novio. Empezamos a conversar, después fuimos a su apartamento y como yo soy tan… hay cual es esa palabra, padre??” - ”Puta, hija, se dice puta.”

Frases de niños

Adriana, 3 años Adriana, al meterse por primera vez en una piscina en la que hacía pie, exclamó: «¡Hala, esta piscina sí que tiene suelo!». Alejandro, 5 años Alejandro todos los días le quitaba dinero a su padre de la cartera. Un día su padre le pilló y le preguntó: «¿Qué haces? ¿Me estás robando?». Alejandro le respondió: «No lo estoy robando, me lo estoy encontrando». Manu, 7 años El padre de Manu le hizo una sopa para cenar y le dijo:«Cómetelo, que está muy rico». El niño tomó dos cucharadas y le contestó: «Papi, tú y yo tenemos gustos distintos». Mario, 4 años Mario estaba hablando un día con su madre sobre lo que quería ser de mayor. Su madre le preguntó: «¿Cómo te gustaría trabajar: de pie, como tu tío Javi, o sentado, como Jordi?». Mario, viendo a su abuelo en el sofá, dijo: «Tumbado, como el yayo». Leo, 5 años Leo, un día que estaba muy enfadado porque su madre no le hacía caso, le dijo: «¡Yo nací de tu barriga, sé todo lo que piensas!». Eloi, 5 años A Eloi lo estaba c...