miércoles, 27 de noviembre de 2013

Heroica mujer salva a 1600 personas


Encontrado el diario personal de la heroica mujer

Primer día.

-Querido diario, Ya estoy preparada para este maravilloso crucero. He cogido mis mejores vestidos. Estoy excitada!!

Día 2 -Querido diario, Hemos estado todo el día viendo el mar. Estaba precioso, vi algunos delfines y ballenas. Que bien empiezan las vacaciones!! Hoy encontré al capitán y me pareció un hombre interesante.

Día 3 -Querido diario, He estado todo el día en la piscina haciendo surf y dando bolas de golf. El capitán me ha invitado a su mesa a cenar. Fué un honor y me lo pasé maravillosamente. Es un hombre muy atractivo y atento.

Día 4 -Querido diario, He estado en el Casino del barco y gané … 80 Euros. El capitán me invitó a cenar con él en su camarote. Tuvimos una cena lujosa y espectacular con foie, ostras, caviar y champagne. Me preguntó si me quedaba con él y decliné la invitación. Le dije que no quería ser infiel a mi esposo.

Día 5 -Querido diario, He vuelto a la piscina y me he quemado un poco al sol. Me he ido al piano bar a pasar allí el resto del día. El capitán me ha invitado a unas copas, la verdad es que es un hombre encantador. Me preguntó otra vez si quería pasar la noche con él y le he vuelto a decir que no. A lo que contestó que si seguía en esa postura hundiría el barco. Me he quedado aterrada.

Día 6 -Querido diario, Hoy he salvado a unas 1600 personas... ¡¡¡cuatro veces!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡Estoy más contenta…!!!!!!

jueves, 21 de noviembre de 2013

Imágenes del viejo Madrid


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lunes, 11 de noviembre de 2013

Un abogado en un burdel


Una madame abre la puerta del burdel y se encuentra con un elegante caballero de mediana edad.
- ¿Puedo ayudarlo?, pregunta la madame.
- Quiero ver a Natalie, contesta el señor.
- Natalie es nuestra dama más cara…
- ¿Y…?, mire yo debo ver a Natalie, replica él.
Cuando aparece la tal Natalie le explica al caballero que ella cobra 3.000 euros por la visita.
Sin pestañear, el hombre mete la mano en el bolsillo y le entrega treinta billetes de cien euros. Ambos entran en una de las habitaciones y al cabo de una hora el tipo sale silbando. La noche siguiente, el mismo caballero aparece nuevamente pidiendo ver a Natalie.
Natalie replica que es muy raro repetir dos noches seguidas y que si va a pedir descuento que ya se puede largar.
Nuevamente el hombre echa mano de sus billetes y le entrega otros treinta de cien. Como el día anterior, en compañía de Natalie, entra en una de las habitaciones durante una hora y luego se va.
Cuando aparece nuevamente una tercera noche consecutiva, nadie puede creerlo. Nuevamente le entrega a Natalie tres mil euros y desaparecen durante una hora.
Al salir, Natalie le dice al tipo:
- Nadie había usado mis servicios tres noches consecutivas. ¿De dónde es UD.?
El tipo replica: – De una ciudad de la comunidad de…
- ¿En serio?, contesta ella. Tengo familia en esa ciudad.
- Lo se, dice el caballero. Tu padre falleció y yo soy el abogado de tus hermanas. Ellas me pidieron que te entregara tu parte de la herencia: 9.000 euros. Buenas noches. Ha sido un placer.
MORALEJA: Ciertas cosas en este mundo son inevitables: la muerte, los impuestos y que te joda un abogado…

domingo, 10 de noviembre de 2013

Hace 200 años, La Albuera


Hace tiempo que no cuento una de esas historias de navegaciones y batallitas que me gusta recordar de vez en cuando. También llevo años sin mentarle la madre a la pérfida Albión; que, como saben los veteranos de esta página, siempre fue mi enemiga histórica favorita. Si como lector disfruto con los libros que cuentan episodios navales o terrestres, disfruto mucho más cuando quienes palman son ingleses. Como español -cada cual nace donde puede, no donde quiere- estoy harto de que todos los historiadores y novelistas británicos, barriendo para casa, describan a los marinos y soldados de aquí como chusma incompetente y cobarde que olía a ajo. Por eso, cuando tengo ocasión de recordar algún lance donde a los súbditos de Su Graciosa les rompieran los cuernos, disfruto como gorrino en bancal de zanahorias. A otros les gusta el fútbol.

Esta semana, lo de La Albuera me lo pone fácil. El lunes 16 de mayo se cumple el bicentenario exacto de cuando, en plena guerra de la Independencia, 34.000 españoles, ingleses y portugueses se batieron allí durante cinco horas con 23.000 franceses que iban a socorrer Badajoz, rechazándolos. Dos brigadas británicas fueron casi aniquiladas; las tropas españolas, registrando incluso las cartucheras de los muertos, mantuvieron la línea frente a los asaltos franceses, y en el campo quedó muerto o herido uno de cada cinco combatientes. La Albuera fue una de las más sangrientas batallas de la guerra de España. Y por supuesto, desde los historiadores ingleses de la época -Napier, Londonderry, Oman- hasta los de ahora, todos coinciden en atribuir a sus tropas el peso de la batalla, dejando a los españoles, como también ocurrió con la batalla de Chiclana, en un modesto y aseadito segundo término. Esos pobres chicos spaniards, ya saben. Simples colaboradores y tal.

Sin embargo, la realidad fue otra. Cartas y relatos de testigos, ingleses incluidos, permiten hoy establecer lo que realmente ocurrió en La Albuera. Y fue que, correspondiendo el flanco derecho a las tropas españolas, situadas sobre una colina y en un frente de sólo 600 metros de anchura, hacia allí se dirigió el principal ataque francés. Manteniendo sus posiciones bajo un fuego horroroso -los reclutas del 4º batallón de Guardias cayeron en el mismo lugar donde se encontraban, sin romper la formación-, los españoles rechazaron dos ataques gabachos. Al hallarse ya sin munición cuando se iniciaba el tercero, la brigada británica Colborne hizo un paso de línea para situarse delante y soportar el tercer asalto. Pero, en vez de quedarse en la colina, los ingleses, deseosos de demostrar que para chulitos ellos -y realmente siempre combatieron muy bien en la guerra de España-, avanzaron hacia las tropas enemigas sin advertir que había caballería imperial apostada cerca. La brigada inglesa fue destrozada, además de otra que andaba por allí. Asumir un error táctico de ese calibre, dos brigadas de Su Majestad pasadas por la cuchilla de picar carne, era duro de tragar para Wellington. Y cuando leyó el parte donde el general Beresford contaba lo ocurrido, exigió otro donde se omitiera la desastrosa maniobra, así como el hecho de que los españoles resistieron a solas los dos primeros asaltos. Quería algo que sonase más a tenaz y heroica resistencia inglesa. Y esa segunda versión, adecuada al orgullo nacional británico, fue la publicada por la prensa y adoptada oficialmente en los libros de Historia.

Uno de los más minuciosos historiadores militares españoles actuales, José Manuel Guerrero Acosta, se ha tomado en los últimos años el trabajo de desempolvar todos esos partes de guerra, probando cuanto acabo de contar. Con mucha irritación, por cierto, de colegas ingleses como el ilustre Charles Esdaile; que durante un congreso reciente en Varsovia se levantó, airado, para decir que esa revisión de lo ocurrido en La Albuera «ofende la memoria de las tropas británicas que lucharon en España». Curiosa afirmación, por cierto, de un historiador al que no parecen ofenderle la memoria los centenares de mujeres españolas violadas cuando las tropas británicas entraron en Badajoz, Ciudad Rodrigo y San Sebastián, ni sus compatriotas historiadores y novelistas que llevan doscientos años asegurando que, en la guerra peninsular, las tropas de Napoleón fueron derrotadas sólo por Wellington; a veces, eso sí, con la colaboración -a regañadientes, por supuesto- de la miserable chusma española que, en las siempre gloriosas y heroicas batallas inglesas, se limitaba a llevarle el botijo.

Por Arturo Pérez-Reverte.